viernes, 13 de octubre de 2017

OTOÑO. LA VID









"Ante una viña madura qué haces con una forma y un nombre. Deja fuera el estorbo de los pensamientos. Entra dentro, salta con pocos pasos los últimos fragmentos del verano, sigue las hileras y ábrete a los colores rubicundos del otoño, como si fueras una cosa sola con ellos"



(Fabrizio Caramagna)




Mi otoño siempre hace las cosas a su manera. Piensa parecido a aquel Wilde, que decía que la experiencia sólo es un cúmulo de nuestros errores. Y parecido a mí, en que sólo me arrepiento de lo que no he hecho.Y que como dice una canción, "siempre voy detrás del error"
Este es un otoño soleado, histórico. Algo agitado, convulso; aunque sigue a su aire. 
Las hojas, cada una distinta de la otra, como los copos de nieve, y cada una perfecta, caen sobre una alfombra de hermanas solidarias que llevaron el primer golpe. Un golpe suave, siempre, la gravedad es su amante.
Los atardeceres. Esos que nunca quedan bien en las fotos. O tan bien como los vivimos. Porque es imposible. Ningún pintor ha conseguido el verdadero color del atardecer, y ningún fotógrafo conseguirá nunca su matiz ni su desgarro.

Intento escribir de forma sencilla...si no, podría caer en la pedantería con cierta facilidad...si me dejo llevar. E intento vivir siempre los otoños como los primeros y los últimos. Y es que, siempre son distintos. Siempre ellos son un primero, y un último. Y, sin embargo, cuánto término medio existe en ellos.
A los más románticos, en el sentido literal de la palabra, no en el cursi, se nos sigue clavando la mirada en una hoja que cae. Y nos seguimos preguntando porqué, cómo lo hace, que magia y que secreto esconde para que todos, todos los otoños, su tono y su cadencia y el aire que mueve al deslizarse nos siga embrujando, haciéndonos parar a mirarla, intentar fotografiarla al caer, como excelentes  primates del XXI que somos, sin conseguirlo; haciéndonos esa cosa tan extraña que es sonreír espontáneamente, olvidarnos de que existió un verano, olvidándonos de que eran verdes, olvidándonos de que, con suerte, nos haremos viejos. Una hoja que cae en otoño delante de nosotros para el tiempo y te susurra: "simplemente, escucha"